Cooperación

Hay mucho que defender y también hay cosas que corregir. Propongo, al menos, la revisión de dos elementos imprescindibles para revitalizar la empresa cooperativa: reforma del modelo empresarial elevando una propuesta conjunta ante los organismos europeos del Modelo Cooperativo (o Economía Solidaria) y de paso hacernos visibles en la sociedad y recuperación de la primacía de la persona sobre la economía, acompañada de nuevas fórmulas de participación fortaleciendo una democracia en crisis.

Decía Arizmendiarrieta que la cooperación reivindicaba la primacía del trabajo sobre el capital y que esta debía subordinarse a aquel. Todo un programa de acción, todo un proyecto progreso y justicia social.
Son los jóvenes los únicos con espacio temporal para abordar tal ambicioso plan.
En relación con la reforma empresarial es necesario denunciar la infamia que supone el despido de los trabajadores mientras los directivos se suben sus sueldos y los ciudadanos pagan la quiebra de los bancos; no solo por una cuestión de injusticia económica, sino también por pedagogía política. No hay nada más corrosivo socialmente que la cultura del fraude. No se trata, como se dice, de una obligada subida de los impuestos sino de una mejor distribución de la carga tributaria, más justa y más equitativa. No puede ser que las rentas del trabajo sean las que soporten el peso de los ingresos fiscales. En el gasto, también hay que ser más equitativos. Las ayudas públicas que no discriminan en función del nivel de renta contribuyen a aumentar la brecha social.

Los límites que el cooperativismo de Mondragón de los primeros tiempos fijó para las retribuciones (1 a 3) es un buen aval para proponer alternativas que se han hecho viables en la experiencia y que demuestran que la justicia redistributiva es un elemento que logra beneficios sociales y económicos apreciables.
La cooperación debe abanderar el fortalecimiento de la Unión Europea en un momento en que aparece la renacionalización de políticas que estaban integradas: Schengen, alertas alimentarias… Hay que defender Europa, simplificar los mecanismos de la UE, acercar Europa a los ciudadanos. Con el propio ejemplo, tal vez humilde y localista, pero abierta a la humanidad entera tan sin rumbo y tan indignada actualmente
Para recuperar su espacio, un espacio que nunca ha tenido en la sociedad pero si, tal vez, en las mentes más progresistas del humanismo militante, la cooperación debe ser ambiciosa por ampliar la participación de los trabajadores en los asuntos empresariales. Al estilo de las Asambleas de los socios en las Cooperativas y el gobierno de los Consejos Rectores compuesto por trabajadores.

Ello conlleva la transparencia en las retribuciones y en la gestión de los negocios… Debemos impulsar la democracia participativa porque la gente necesita saber que, cuando se toma una decisión que les afecta, previamente han sido informados y han podido participar activamente en esa decisión que, por ello mismo, no escapa al control democrático. Hay que contar más con los trabajadores en la empresa, es ahí donde reside la legitimación de las decisiones.

El liderazgo se forja, en primer lugar, cuando se tiene empatía con los seguidores, cuando se siente lo que ellos sienten, cuando se sufre lo que ellos sufren. Cuando se es capaz de calzar sus sandalias y caminar con ellas durante dos semanas.
Pero también es necesario ser capaz de trasladar la emoción por un proyecto nuevo, exigente, que sea un reto que justifique el esfuerzo. Un proyecto para modificar el estado de las cosas, para pasar de la injusticia a la justicia, del pesimismo al optimismo.
Es indudable que para abrazar con ilusión un proyecto tan ambicioso se requiere tener “las espaldas anchas” para soportar toda crítica, zancadilla y oposición de los establecidos en la comodidad de la idea conservadora.

Para conquistar el prestigio que tuvo y tal tiene el cooperativismo tiene que estar con los que necesitan de la humanización de la economía y la justicia social para mejorar su vida, y hacer visible un mensaje y una acción que la haga reconocible. Debe saltar a la palestra, debe ir al ágora y gritar su idea y su ejemplo.

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